Uno de los mayores retos de los aficionados al cielo nocturno, es encontrar un lugar adecuado para poder disfrutar de un cielo en condiciones. Con el paso de los años esto cada vez resulta más y más complicado, pues se dice que la contaminación lumínica es como una especie de estatus que va ligado al «progreso» humano y a la civilización.

Al iluminado que dijo esto parte de razón no le falta, pero no necesariamente tiene que derivar en tan alto grado de derroche energético como este. Al final, al contaminación lumínica no es nada más que energía malgastada por instalaciones excesivas o deficientes, farolas como esta –que dan sombra pero nos permite observar perfectamente el vuelo de las palomas a altas horas de la noche– y cosas por el estilo.
Empecé a interesarme en el mundo de la fotografía nocturna después de ver algunos de los trabajos de Manel Soria, profesor de termodinámica, fotógrafo, amigo y escritor de uno de los pocos libros de astrofotografía de paisaje que existen.
Manel nos ofreció la «fórmula mágica» para que, justo después de plantar el trípode, tuviéramos una referencia para congelar el firmamento. La fórmula son los famosos parámetros, ISO 3200, f2.8 y 30″, que sirven para llegar a captar, en cielos limpios, escenas como esta.

Copyright Manel Soria
Sabiendo esto parece fácil, ¿eh? Pues no, lo mismo que si no sabes tocar la guitarra y te dan una partitura, lo siento.
A parte de compartir una de las mejores fotografías nocturnas que he visto, lo que quería mostrar es cómo afecta la contaminación lumínica a nuestras fotos en base a estos parámetros de referencia, aclarando primero que las siguientes fotografías son tal y como las capta la cámara, muchas de ellas son pruebas, pero todas ellas equivalentes en exposición. Lo que se puedan exprimir después en postprocesado es otra historia.

Espot (Lleida) – Pentax K5 + Sigma 10-20mm – ISO 1600 – f4.5 – 60″ + 1,33 EV

Tirso de Abres (Asturias) – Nikon D600 + Nikkor 24mm – ISO 2500 – f2.8 – 30″ + 0,33 EV

La Llacuna (Barcelona) – Nikon D610 + Samyang 14mm – ISO 3200 – f3.2 – 25″ + 0,66 EV

Pla de la Calma (Barcelona) – Nikon D610 + Samyang 14mm – ISO 2000 – f2.8 – 25″ + 1 EV

Sentmenat (Barcelona) – Nikon D610 + Samyang 14mm – ISO 3200 – f2.8 – 30″
Todas las fotografías son de noche -aunque en la última no lo parezca- y todos los cielos deberían verse más o menos como la primera fotografía, lo único que varía es la cantidad de contaminación y un poco la atmósfera por la diferencia de altura, pero este es un factor no humano.
Como son una auténtica birria –excepto la panorámica de Manel– pongo la tercera procesada debidamente, donde logré captar la Vía Láctea de manera que quedé bastante contento.

Los afectados a este tipo de contaminación no sólo somos los aficionados al cielo nocturno, también lo son la vegetación, aves, insectos, fauna y sin duda los humanos, pudiendo provocar graves alteraciones del sueño. Sabiendo esto no me extraña que estemos medio locos, pero como no es lo mismo que contaminar un río donde mueren pececitos, pues nada, a seguir…
Por suerte quedan sitios como el Montsec que tienen muy claro que hay que proteger el cielo y hacen de ello algo turístico y beneficioso.
5 Comments
Totalmente de acuerdo contigo Oriol, la contaminación no discrimina de espectros, formas ni sentidos. Atmosférica, lumínica, acústica, química y un largo etc., por mucho que nos empeñemos en englobar dentro de la terminología «contaminación ambiental» todo trasciende de una forma directa en el ecosistema del cual dependemos. No se trata sólamente del perjuicio que crea sobre el arte fotográfico, sino del impacto que genera en la salud biológica y el equilibrio del planeta. Lo que hace imposible a medio plazo un gran problema para la compatibilidad de la vida y del estudio de esta.
Así es Óscar, nosotros nos estamos desacostumbrando a la oscuridad, pero ¿cómo se lo tiene que montar ahora un depredador nocturno con un sentido de la visión adaptado a la noche? Para él seguro que es de dia -o casi- siempre. Algunas especies de insectos son vulnerables a ciertas longitudes de onda -creo que sobretodo a las que emiten las bombillas de vapor de mercurio- y otras se sienten tan atraidas por el blanco de los LED -que están de moda- que incluso se les pasan las ganas de aparearse y al reducir la población de insectos ya sabemos qué ocurre con la vegetación. Las aves quedan deslumbradas y tienden a desorientarse… vamos, un completo desastre. Y parece que ni en época de crisis somos capaces de reducir esta aberración que además supone miles de millones de despilfarro al año.
Muy interesante el post, a mi también se me pasan las ganas de apareárme con los Leds.
xDDD pues a robar cobre se ha dicho!
jajajajaajaja